Cable Diplomático
Por Centro García Robles
2 de septiembre de 2026
La posibilidad de una nueva reunión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, vuelve a colocarse en el centro de la agenda diplomática internacional. Aunque hasta el momento no existe un acuerdo oficial anunciado públicamente sobre una nueva cumbre, Washington ha intensificado sus esfuerzos para reactivar el contacto con Pyongyang y Trump ha manifestado que espera reunirse personalmente con Kim antes de que concluya 2026.
La situación representa una nueva oportunidad —pero también un enorme desafío— para la diplomacia internacional. Después de varios años de estancamiento, la eventual recuperación del diálogo entre Washington y Pyongyang podría abrir un espacio para abordar algunos de los asuntos más delicados de la seguridad mundial: el programa nuclear norcoreano, los misiles balísticos, las sanciones económicas, las garantías de seguridad y la estabilidad de la península de Corea.
Trump afirmó en agosto que mantiene una relación personal positiva con Kim Jong-un y que había recibido respuesta a sus recientes intentos de comunicación. Posteriormente, el mandatario estadounidense declaró que esperaba reunirse con el dirigente norcoreano antes de terminar el año.
La respuesta, por ahora, es no.
Lo que existe es una intención política de ambos lados que todavía necesita convertirse en una negociación diplomática formal. El Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur informó recientemente que existen indicios de que Estados Unidos y Corea del Norte podrían estar aproximándose nuevamente al diálogo, aunque no se han confirmado contactos directos que permitan afirmar que una cumbre ya está concertada.
La diferencia es fundamental. Una declaración presidencial expresando voluntad de reunirse no equivale todavía a un acuerdo diplomático sobre fecha, sede, agenda y compromisos.
Por ello, cualquier eventual encuentro debería estar precedido por conversaciones entre funcionarios de ambos gobiernos destinadas a establecer las condiciones mínimas para una negociación.
Donald Trump y Kim Jong-un hicieron historia en junio de 2018 al protagonizar en Singapur la primera reunión entre un presidente estadounidense en funciones y un líder norcoreano.
En aquella ocasión, ambos gobiernos expresaron su compromiso de construir nuevas relaciones, trabajar por un régimen de paz duradero en la península de Corea y avanzar hacia la desnuclearización. También acordaron trabajar en la recuperación y repatriación de restos de militares estadounidenses desaparecidos durante la Guerra de Corea.
Sin embargo, las negociaciones posteriores no consiguieron alcanzar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear norcoreano.
Un segundo encuentro tuvo lugar en Hanói en 2019 y, posteriormente, Trump y Kim volvieron a encontrarse en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas. Desde entonces, el proceso diplomático quedó prácticamente paralizado.
La eventual reanudación de las conversaciones ocurre en un contexto muy diferente al de 2018.
Corea del Norte ha fortalecido sus capacidades militares y nucleares y ha profundizado su relación estratégica con Rusia. Al mismo tiempo, China continúa siendo un actor fundamental para cualquier estrategia de estabilidad en la región.
Trump, por su parte, ha adoptado recientemente medidas destinadas a reducir determinadas maniobras militares estadounidenses y surcoreanas, argumentando que algunos ejercicios transmiten a Pyongyang un mensaje excesivamente hostil. Esta decisión ha sido interpretada como un posible gesto para facilitar la apertura de un nuevo canal diplomático.
No obstante, Corea del Sur mantiene importantes preocupaciones de seguridad. Seúl ha expresado su respaldo a los esfuerzos para reanudar el diálogo, pero insiste en que cualquier negociación debe preservar sus intereses de seguridad y producir avances sustanciales en materia nuclear.
Si finalmente se concreta una nueva cumbre Trump-Kim, cinco asuntos podrían ocupar un lugar central en la agenda:
1. Programa nuclear norcoreano.
Washington enfrenta el desafío de determinar si Pyongyang estaría dispuesto a limitar, congelar o eventualmente reducir su arsenal nuclear.
2. Misiles balísticos.
La capacidad de Corea del Norte para desarrollar sistemas capaces de alcanzar territorio estadounidense constituye uno de los principales elementos de preocupación para Washington y sus aliados.
3. Sanciones económicas.
Pyongyang podría buscar el alivio o levantamiento progresivo de las sanciones internacionales a cambio de compromisos concretos.
4. Seguridad y ejercicios militares.
Corea del Norte considera las maniobras militares estadounidenses y surcoreanas una amenaza, mientras que Seúl y Washington las consideran necesarias para mantener su capacidad de defensa.
5. Régimen de paz en la península.
Una negociación de mayor alcance podría intentar avanzar desde el actual armisticio que puso fin a los combates de la Guerra de Corea hacia un mecanismo permanente de paz y seguridad.
El punto más difícil continúa siendo el futuro del arsenal nuclear norcoreano.
Washington ha defendido históricamente la desnuclearización de Corea del Norte, mientras Pyongyang ha mostrado cada vez menos disposición a aceptar que su programa nuclear sea simplemente desmantelado.
En los últimos años, Corea del Norte ha buscado fortalecer su posición estratégica y ha insistido en que su capacidad nuclear constituye un elemento fundamental de su seguridad.
Precisamente por ello, una nueva negociación podría requerir un enfoque diferente al empleado en las conversaciones anteriores: avanzar mediante compromisos graduales, verificables y recíprocos, en lugar de esperar que una de las partes renuncie inmediatamente a todos sus objetivos.
Uno de los principales desafíos diplomáticos de una eventual negociación Trump-Kim será determinar el papel de Corea del Sur.
Seúl ha manifestado su respaldo a la recuperación del diálogo entre Washington y Pyongyang, pero también ha dejado claro que cualquier proceso debe considerar directamente sus intereses.
El presidente surcoreano Lee Jae-myung ha defendido la creación de condiciones para regresar al diálogo y ha planteado la necesidad de transformar el actual sistema de confrontación y armisticio en uno basado en la paz, la cooperación y la prosperidad.
Desde la perspectiva de la diplomacia preventiva, la participación de Corea del Sur será esencial. Una negociación exclusivamente bilateral entre Washington y Pyongyang podría generar avances temporales, pero difícilmente produciría una arquitectura de seguridad sostenible para toda la península.
La eventual reunión entre Donald Trump y Kim Jong-un no debe interpretarse automáticamente como el comienzo de un acuerdo de paz.
Una cumbre puede producir fotografías históricas y declaraciones políticas, pero la verdadera diplomacia comienza después: cuando los equipos negociadores deben convertir los compromisos políticos en acuerdos concretos, verificables y sostenibles.
La experiencia de 2018 y 2019 demuestra precisamente esta dificultad.
Sin embargo, el simple hecho de que Washington vuelva a buscar un canal directo con Pyongyang constituye una señal diplomática relevante.
En un momento de creciente competencia estratégica entre las grandes potencias y de proliferación de conflictos internacionales, cualquier oportunidad para reducir el riesgo de una confrontación nuclear merece ser explorada mediante mecanismos diplomáticos.
Para el Centro García Robles, la posible reanudación del diálogo entre Estados Unidos y Corea del Norte debe observarse desde una perspectiva más amplia: la construcción de mecanismos de confianza, negociación y seguridad colectiva.
Alfonso García Robles dedicó buena parte de su trayectoria diplomática a impulsar soluciones negociadas y mecanismos internacionales para limitar el peligro nuclear. Su legado, especialmente en materia de desarme y creación de zonas libres de armas nucleares, mantiene una particular vigencia frente al desafío que representa la península de Corea.
Una eventual cumbre Trump-Kim podría convertirse en una nueva oportunidad para demostrar que incluso los conflictos más complejos pueden encontrar espacios de negociación.
Pero para que esa oportunidad produzca resultados, será necesario pasar de la diplomacia de los gestos a la diplomacia de los acuerdos.
Por ahora, la reunión no está formalmente confirmada. Pero las señales de Washington y las evaluaciones de Seúl indican que el canal diplomático podría estar comenzando nuevamente a abrirse.
Y en una región donde una crisis puede tener consecuencias nucleares, mantener abierta la puerta del diálogo ya constituye un objetivo de paz.