Corresponsalía ONU
Nueva York 17 de octubre de 2026
La falta de acuerdos entre Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido complica la sucesión de António Guterres. El resultado reabre la posibilidad de nuevas candidaturas y plantea interrogantes sobre la capacidad de la Organización de las Naciones Unidas para responder a las crisis internacionales.
El proceso para elegir al próximo Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) atraviesa una etapa de incertidumbre. En la sexta votación informal del Consejo de Seguridad, celebrada el viernes 16 de octubre, los siete aspirantes recibieron al menos dos votos de desaliento de los cinco miembros permanentes.
El resultado evidencia las dificultades para construir un consenso entre las principales potencias en un contexto internacional caracterizado por conflictos armados, tensiones geopolíticas y cuestionamientos sobre la eficacia de las instituciones multilaterales.
Los cinco países con derecho de veto: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido rechazaron a los aspirantes. Su posición resulta determinante, pues el Consejo de Seguridad debe recomendar a una persona candidata para que la Asamblea General formalice el nombramiento.
Los candidatos son:
Rebeca Grynspan de Costa Rica encabeza las preferencias, pero enfrenta resistencias
La exvicepresidenta costarricense y actual titular de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) obtuvo nueve votos de aliento en el último sondeo, lo que la mantuvo en primer lugar. Sin embargo, también recibió dos vetos de miembros permanentes del Consejo.
Rafael Mariano Grossi — Argentina
El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) figura entre los principales aspirantes. Su experiencia diplomática y en materia de seguridad nuclear constituye uno de los perfiles relevantes de la contienda, aunque también recibió dos vetos de desaliento de las cinco potencias.
Carolyn Rodrigues-Birkett — Guyana
La diplomática guyanesa también se encuentra entre las candidaturas con mayor respaldo relativo. No obstante, recibió dos vetos de desaliento de miembros permanentes, una señal de que todavía no existe un acuerdo suficiente para avanzar hacia una recomendación definitiva.
La contienda incluye además a María Fernanda Espinosa e Ivonne A-Baki, de Ecuador; Olara Otunnu, de Uganda, y Macky Sall, expresidente de Senegal. Los dos últimos registraron diez votos de desaliento cada uno en la ronda referida.
¿Cómo funciona el poder de veto?
El artículo 97 de la Carta de las Naciones Unidas establece que el secretario general es nombrado por la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad. En la práctica, la recomendación requiere al menos nueve votos favorables de los 15 integrantes del Consejo y la ausencia de un veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes.
Esto significa que una candidatura puede recibir un respaldo amplio de otros países y, aun así, quedar bloqueada por un solo veto de las cinco potencias.
La votación del 16 de octubre fue un sondeo informal y confidencial, no una votación formal de nombramiento. En esta ocasión se utilizaron papeletas de distinto color para distinguir las posiciones de los miembros permanentes y facilitar la identificación de posibles vetos.
El mecanismo busca identificar anticipadamente qué aspirantes tienen posibilidades de reunir el consenso necesario. Sin embargo, también demuestra cómo los intereses estratégicos de las grandes potencias pueden condicionar la elección de la persona responsable de encabezar la diplomacia de la ONU.
La elección del próximo secretario general ocurre en un momento en que Naciones Unidas enfrenta múltiples desafíos: guerras prolongadas, tensiones entre potencias, crisis humanitarias, dificultades financieras y cuestionamientos sobre la eficacia de sus mecanismos de respuesta.
El embajador estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, ha defendido la necesidad de un liderazgo centrado en la paz y la seguridad, acompañado de una reforma institucional. Al mismo tiempo, funcionarios estadounidenses han expresado reservas sobre las candidaturas presentadas, sin descartar por completo su posible respaldo a alguna de ellas.
La perspectiva del Centro de Estudios de Paz Alfonso García Robles
Desde una perspectiva de estudios para la paz, el resultado de esta votación debe analizarse más allá de la competencia por un cargo internacional. La ausencia de consenso entre las principales potencias pone de manifiesto la tensión permanente entre los intereses nacionales y la responsabilidad colectiva de prevenir conflictos y preservar la paz internacional.
En ese sentido, el legado de Alfonso García Robles, diplomático mexicano y Premio Nobel de la Paz de 1982 por su labor en favor del desarme nuclear, mantiene una especial relevancia. Su trayectoria demuestra la importancia de la diplomacia multilateral, la negociación y los acuerdos verificables para reducir riesgos internacionales.
El actual proceso de selección ofrece una oportunidad para recordar que la paz no depende únicamente de la ausencia de enfrentamientos armados: requiere instituciones legítimas, voluntad política y mecanismos eficaces para resolver las diferencias entre los Estados.
¿Qué sigue en el proceso?
Los diplomáticos prevén realizar otra ronda de sondeos la semana siguiente a la votación del 16 de octubre. La posibilidad de incorporar nuevas candidaturas continúa abierta si ninguno de los aspirantes consigue superar las objeciones de las potencias con derecho de veto.
El mandato de António Guterres concluye el 31 de diciembre de 2026. Su sucesor o sucesora deberá asumir el cargo el 1 de enero de 2027, de acuerdo con el calendario institucional previsto.