Corresponsalía ONU
Actores, estrellas de la música, escritores y otras figuras de la cultura han sido designados como Embajadores por las Naciones Unidas y sus organismos para aprovechar su influencia pública en favor de la paz, los derechos humanos, la educación, la infancia y otros grandes desafíos internacionales.
Por Centro García Robles
Septiembre 4 de 2026
En un mundo marcado por conflictos armados, crisis humanitarias, desigualdad y profundas divisiones políticas, la diplomacia no siempre se desarrolla alrededor de una mesa de negociaciones.
En ocasiones, también puede comenzar sobre un escenario, frente a una cámara, a través de una canción, una película, un libro o una obra de arte.
Las Naciones Unidas han reconocido durante décadas el potencial de las figuras de la cultura y el entretenimiento para acercar sus mensajes a millones de personas. Actores, músicos, escritores, artistas y otras personalidades de reconocimiento internacional han sido designados como Mensajeros de la Paz o Embajadores de Buena Voluntad de diferentes organismos del sistema de Naciones Unidas.
La propia ONU explica que los Mensajeros de la Paz son personalidades distinguidas provenientes de campos como el arte, la literatura, la ciencia, el entretenimiento, el deporte y otras áreas de la vida pública. Su misión consiste en contribuir a llamar la atención mundial sobre asuntos prioritarios de Naciones Unidas y sus esfuerzos para mejorar la vida de las personas.
No se trata de diplomáticos en el sentido tradicional. Su principal herramienta es otra: la capacidad de comunicar, inspirar y movilizar a la sociedad.
De la pantalla y los escenarios a las Naciones Unidas
Entre las figuras que han recibido el reconocimiento de Mensajero de la Paz de Naciones Unidas se encuentran personalidades como Michael Douglas, Leonardo DiCaprio, Charlize Theron, Stevie Wonder, Edward Norton, Lang Lang, Yo-Yo Ma, Daniel Barenboim, Paulo Coelho y Malala Yousafzai. Cada uno representa una disciplina y una audiencia diferente.
El actor Michael Douglas, por ejemplo, ha utilizado durante años su plataforma pública para llamar la atención sobre cuestiones relacionadas con la paz y el desarme.
El músico Stevie Wonder ha llevado el mensaje de inclusión y derechos de las personas con discapacidad a escenarios internacionales.
El pianista y director Daniel Barenboim ha representado una de las expresiones más interesantes de la relación entre música, diálogo y convivencia, particularmente a través de proyectos destinados a acercar a jóvenes de distintas comunidades y tradiciones.
El escritor brasileño Paulo Coelho ha contribuido desde la literatura a difundir mensajes relacionados con la condición humana y los valores universales.
Y la activista y Premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai ha convertido la defensa del derecho de las niñas a la educación en una de las causas internacionales con mayor visibilidad.
El poder de una celebridad al servicio de una causa
¿Por qué Naciones Unidas recurre a artistas y personalidades conocidas?
La respuesta tiene que ver con algo que la diplomacia tradicional no siempre puede conseguir: llegar directamente a millones de personas.
Un secretario general puede pronunciar un discurso ante la Asamblea General; un embajador puede negociar durante meses un acuerdo; pero un cantante, actor o escritor con millones de seguidores puede conseguir que un mensaje humanitario llegue en cuestión de horas a audiencias que probablemente nunca consultarían un documento diplomático.
La ONU reconoce precisamente esa capacidad de comunicación.
Sus Mensajeros de la Paz participan en discursos, conferencias, entrevistas, eventos especiales, conciertos y campañas de comunicación, además de visitar programas y proyectos de Naciones Unidas sobre el terreno.
Es una forma de diplomacia pública y cultural.
UNICEF y la infancia: Shakira, Katy Perry y otros artistas
Uno de los ejemplos más importantes se encuentra en UNICEF, organismo de Naciones Unidas dedicado a la protección de la infancia.
Su lista de Embajadores de Buena Voluntad incluye numerosas figuras procedentes del cine, la música y otras áreas de la cultura.
Entre ellas aparecen Shakira, Katy Perry, Priyanka Chopra Jonas, Ricky Martin, Whoopi Goldberg, Jackie Chan, Orlando Bloom, Liam Neeson, Vanessa Redgrave, Danny Glover, Angélique Kidjo y Amitabh Bachchan, entre otras personalidades.
Shakira es uno de los casos más conocidos.
La cantante colombiana fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF en 2003, convirtiéndose entonces en una de las figuras más jóvenes en recibir esa designación. Desde esa posición ha utilizado su reconocimiento internacional para promover especialmente la educación y el desarrollo de la primera infancia.
La presencia de artistas en UNICEF demuestra cómo la cultura popular puede convertirse en una herramienta para hablar de asuntos que afectan a millones de niños: educación, nutrición, protección, pobreza, conflictos armados y desplazamiento.
Cineastas y actores frente a las grandes crisis humanitarias
El cine también tiene un papel destacado dentro de esta diplomacia cultural.
En la actualidad, el sistema de Naciones Unidas cuenta con importantes representantes provenientes del mundo cinematográfico.
El ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, cuenta entre sus Embajadores de Buena Voluntad con actores como Cate Blanchett, Theo James, Ben Stiller, Gugu Mbatha-Raw, Nomzamo Mbatha y Helena Christensen, además de personalidades provenientes de la literatura, la fotografía, la música y el deporte.
El caso de Cate Blanchett resulta especialmente significativo porque ha utilizado su presencia internacional para hablar de las personas obligadas a abandonar sus hogares debido a guerras, persecución y violencia.
Ben Stiller también ha participado en actividades relacionadas con la situación de los refugiados, llevando el problema a una audiencia internacional que va mucho más allá de los círculos diplomáticos.
La música como instrumento de paz
La música ocupa un lugar particularmente especial en esta estrategia.
La ONU ha contado entre sus Mensajeros de la Paz con músicos de enorme prestigio internacional como Yo-Yo Ma, Lang Lang, Stevie Wonder, Daniel Barenboim y Midori.
La razón es sencilla: la música posee una capacidad de comunicación que atraviesa fronteras, idiomas y culturas.
Un concierto puede reunir a personas de diferentes nacionalidades en un mismo espacio. Una canción puede convertirse en un mensaje universal. Y un artista puede hablar de paz ante una audiencia de millones de personas sin necesidad de utilizar el lenguaje técnico de la diplomacia.
En este sentido, la cultura puede actuar como un puente.
Más allá de los famosos: artistas que trabajan por causas específicas
El sistema de Naciones Unidas no se limita a las celebridades más conocidas.
También existen artistas y creadores que participan en iniciativas especializadas.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, por ejemplo, incluye entre sus Embajadores Globales de Buena Voluntad a figuras como Yemi Alade, Antonio Banderas, Olafur Eliasson, Cody Simpson, Bob Weir y Michelle Yeoh, entre otros.
En el caso de Eliasson, la relación entre arte y activismo climático adquiere especial relevancia. Su trabajo demuestra que el artista que colabora con Naciones Unidas no necesariamente tiene que limitarse a transmitir mensajes institucionales: también puede aportar su propia experiencia y creatividad para hacer visibles problemas globales.
La Organización Mundial de la Salud también ha recurrido a figuras públicas. Entre sus representantes aparecen personalidades como la cantante de ópera Renée Fleming, designada Embajadora de Buena Voluntad para Artes y Salud.
UNESCO y los artistas por la paz
La relación entre cultura, arte y paz también tiene una importante dimensión dentro de la UNESCO.
La organización ha distinguido a diversos artistas como Artistas por la Paz, reconociendo su contribución a la promoción de los ideales de la organización.
Entre ellos se encuentran músicos de reconocimiento mundial. Por ejemplo, el legendario músico brasileño Gilberto Gil y el compositor francés Jean-Michel Jarre han participado en iniciativas de UNESCO relacionadas con la defensa de valores universales.
Esto permite observar una característica fundamental de la diplomacia cultural: no existe una única manera de utilizar el arte para promover la paz.
Puede hacerse mediante una película, una canción, una exposición, una fotografía, una novela, un concierto o incluso una campaña digital.
¿Son realmente diplomáticos?
No.
Esta distinción es fundamental.
Un Mensajero de la Paz o un Embajador de Buena Voluntad no sustituye a un embajador de un Estado miembro ni participa necesariamente en negociaciones diplomáticas oficiales.
La propia ONU establece diferencias entre las figuras.
Los Mensajeros de la Paz son designados por el Secretario General de Naciones Unidas, mientras que los Embajadores de Buena Voluntad son designados por los responsables de determinados fondos, programas y organismos especializados del sistema de Naciones Unidas.
Su función principal es contribuir a generar conciencia, acercar las causas internacionales a la sociedad y utilizar su talento, tiempo y reconocimiento público para apoyar determinadas iniciativas.
En otras palabras:
no negocian tratados; ayudan a crear conciencia para que esos tratados, políticas y objetivos tengan respaldo social.
Una nueva forma de diplomacia
Para el pensamiento de Centro García Robles, dedicado al estudio y promoción de la paz, el desarme y la cooperación internacional, esta relación entre cultura y diplomacia merece especial atención.
Alfonso García Robles comprendió que la paz internacional no depende únicamente de documentos diplomáticos, sino también de la construcción de mecanismos de cooperación y de una cultura internacional favorable al diálogo.
En ese sentido, la participación de artistas en las iniciativas de Naciones Unidas representa una dimensión contemporánea de la diplomacia: la diplomacia cultural y la diplomacia pública.
Los artistas tienen la posibilidad de llegar a sociedades enteras.
Pueden contribuir a cambiar percepciones, acercar culturas y colocar determinados problemas en el centro de la conversación pública.
En momentos en que los conflictos internacionales pueden generar polarización y desinformación, esa capacidad adquiere una importancia todavía mayor.
Del escenario a la construcción de paz
Desde los grandes escenarios de conciertos hasta las salas de cine, los museos, los libros y las plataformas digitales, el arte tiene una capacidad que la política muchas veces busca y no siempre consigue: hacer que las personas sientan una causa como propia.
Por eso, la elección de artistas como Mensajeros de la Paz o Embajadores de Buena Voluntad no debe interpretarse únicamente como un reconocimiento honorífico.
Representa una apuesta por el poder de la comunicación.
Michael Douglas, Stevie Wonder, Leonardo DiCaprio, Charlize Theron, Yo-Yo Ma, Lang Lang, Paulo Coelho, Malala Yousafzai, Shakira, Cate Blanchett, Ben Stiller, Antonio Banderas y Michelle Yeoh, entre muchas otras figuras, muestran que la construcción de una cultura de paz puede tener múltiples voces.
La diplomacia del siglo XXI no ocurre solamente en las cancillerías.
También puede ocurrir en un escenario, frente a una cámara, en una canción, en una película o en las palabras de un escritor.
Y cuando el talento artístico se pone al servicio de una causa universal, el arte puede convertirse en una herramienta de diálogo, conciencia y construcción de paz.

