En 2026, la paz ya no solo se firma en embajadas; se decide en las minas de litio y en las rutas de semiconductores. La geopolítica actual ha desplazado su eje hacia la competencia por recursos críticos, especialmente en regiones como el Sahel y Sudamérica.
Desde el Centro de Estudios, advertimos que la diplomacia preventiva debe enfocarse ahora en la gobernanza ambiental. Si no logramos acuerdos justos sobre el reparto de recursos y la tecnología verde, los conflictos del futuro serán por la supervivencia material. La cooperación económica equitativa es, hoy más que nunca, el nuevo nombre de la paz.
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